martes, 17 de junio de 2008

A PROPÓSITO DE LAS CACEROLAS Y LOS DISCURSOS DE NÉSTOR Y CRISTINA…(por EMILIANO VILLAZÓN)

Hoy, mañana y siempre evitemos con presencia popular la derrota del pueblo

Ayer mirando los noticieros tuve un deja vú intelectual. ¿Cómo es esto? Paso a explicar: mientras hacía zapping entre noticieros, me detuve en los porteños (que en realidad, eran los únicos que transmitían algo en directo, puesto que acá en Salta, el canal de aire continuaba con su serie favorita The Simpsons, como si nada estuviese pasando). Estos canales, mientras anunciaban que se venía el “cacerolazo”, comenzaron a mostrar las imágenes del “pueblo” movilizado (¿habrá sido el mismo pueblo al que Piero dedicara su clásica canción?, me pregunté).
Esa marea popular, surgía así en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desde las populares calles Santa Fe y Callao; en Córdoba desde la Plaza San Martín y las calles más céntricas; en Tucumán desde la Plaza Independencia y el popular municipio de Yerba Buena (cuna del también popular Tucumán Rugby Club); y en Salta desde la Plaza 9 de julio, Avenida Gral. Manuel Belgrano y Paseo Güemes hasta llegar a dar una vuelta a la altura del boulevard llamado Avenida Virrey Toledo en dirección al Shopping ALTO NOA (pena que ya estaba cerrado), para luego realizar la tradicional y telúrica guardia bajo las estrellas en honor al primer guerrillero que hubo en la historia argentina: el General Martín Miguel de Güemes. El común denominador que resaltaba era el número de personas populares, que no excedía de trescientas o cuatrocientas.
El deja vú referenciado me permitió recordar lo siguiente: “Al producirse el 16 de septiembre de 1955, yo acababa de cumplir veinte años. El proceso peronista lo había vivido en una experiencia indirecta, la de mis padres. Un hogar pequeñoburgués, típicamente liberal, que objetivamente se había beneficiado con la política económica de Perón, pero que lo negaba en forma absoluta a nivel ideológico.
Yo había vivido de antemano el juicio apodíctico de mis padres, evitaba, de esta manera, mi experiencia propia. Así como gran parte de la juventud universitaria, o simplemente de clase media, me embarcaba en conspiraciones contra la dictadura, yo, con el resto de esa juventud, me alimentaba de la esterilidad apolillada de los tratados de derecho, o de la lejana profundidad de la filosofía griega. El discurso de Lonardi me encontró, con la que entonces era mi novia, y hoy mi mujer, en la Plaza de Mayo, escuchando el ni vencedores ni vencidos, de un agrio sabor a Urquiza. Allí, agitando una banderita argentina se daba mi primera posición activa y propia en política.
Mientras Lonardi utilizaba por última vez los balcones para hablar a una manifestación, se despertó en mí una sorpresiva inquietud. Decidí fijarme en quienes estaban en la plaza. No era difícil determinarlo. Estaban las señoras gordas, los amigos de mis padres, los estudiantes. Era inútil buscar a los cabecitas. Ellos no estaban. A la tarde, al alejarnos del centro, del barrio norte, y acercarnos a los conventillos de la gran ciudad, advertimos miradas hoscas, recelosas, indignadas. El pueblo, el auténtico pueblo, vivía su derrota”.

Quien escribía esto en 1964, lo hacía prologando el libro IMPERIALISMO Y CULTURA, de Juan José Hernández Arregui. Se llamaba Rodolfo Ortega Peña (el “pelado”).
Hoy a la tarde he asistido a dos discursos que en medio del caos, pregonaron el respaldo a las instituciones democráticas. Nada menos que el presidente del Partido Justicialista y la Presidenta de la Nación han acercado esta posibilidad de pacificación. Ella incluso, ha anunciado el envío de un Proyecto de Ley al Parlamento, mediante el cual solicita que el thema decidendum sea abordado por los representantes del pueblo, que son quienes deliberan y gobiernan en su nombre. Una clara señal de búsqueda de paz y fortalecimiento institucional.
Antes de irme a dormir, me puse a ver la conferencia de prensa que brindaban los cuatro jinetes del apocalipsis. Al final de una tediosa y previsible tertulia con los medios, un periodista indaga acerca de quién era la culpa del caos que se había generado -desabastecimiento, falta de combustibles, etc.-, ya que los cortes fueron dispuestos por las entidades agropecuarias. La respuesta: "...esos, son efectos no deseados", lo cual me recordó a los "efectos colaterales" del Tío Sam en la Guerra del Golfo.
Ahora, está todo en manos del Congreso y -como me ha dicho un amigo-, ha llegado el fin del carnaval veneciano: DEBEMOS SACARNOS LAS MÁSCARAS. Es a partir de ahora que veremos quienes -fuera ahora del clásico discurso pre-eleccionario- están a favor de la justicia social, de la independencia económica y de la soberanía política, de vivir dignamente con un proyecto nacional y popular, y, quienes como en el 55, agitan banderitas y le agregan hoy las cacerolas.
Es un momento difícil pero a la vez hermoso: dentro de pocas horas veremos quiénes estaban detrás de las máscaras.
NOSOTROS PODEMOS EVITAR QUE SEA UNA NUEVA DERROTA DEL AUTÉNTICO PUEBLO.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Muy bueno!

pablo dijo...

Siiii flaquito, para el pueblo la plaza y la polìtica, para los fachos la extorciòn y la prepotencia de creerse la clase que sustenta el paìs. Te felicito hermano por el blog, me pone muy contento porque por aqui no hay muchos con quien debatir, vos viste como son, la razòn es de ellos, los que laburan, los demàs son todos vagos y subsidiados. DEFENDAMOS LA DEMOCRACIA Y LA SOBERANÌA DEL ESTADO PARA DESARROLLAR LA ECONOMÌA POLITICA. claro que estos guachos nos quieren hacer creer que la economìa no tiene ideologìa y que el periodismo debe ser objetivo. Falacia tras falacia se las iremos desnudando. La historia y la realidad nos son suficientes. AGUANTE FLACO. UN ABRAZO. pablo garcia.

Anónimo dijo...

Así es nomás, para un peronista no hay mejor cosa que otro peronista, es la clase deja vuu que mas me agrada y no me asusta!!!como la plaza y la política.

salud compañero!
Marcela