miércoles, 23 de julio de 2008

ANTES QUE SEA DEMASIADO TARDE...(por EMILIANO VILLAZÓN)

Reconversión tabacalera: ¿futura condición para obtener créditos internacionales?

Hace ya más de un lustro, el 21 de mayo de 2003, las ciento noventa y dos naciones que integraban la Organización Mundial de la Salud, que es la “autoridad directiva y coordinadora de la acción sanitaria en el sistema de las Naciones Unidas”, según se lee en su sitio, durante su quincuagésimo sexta Asamblea aprobaron por unanimidad el Convenio Marco para el Control del Tabaco, contenido en el Anexo I y que entró en vigencia el 27 de febrero de 2005. Argentina lo ha firmado, aunque por presiones ejercidas por legisladores nacionales pertenecientes a provincias productoras -entre ellas Misiones, Salta y Jujuy-, aún no lo ha ratificado en el Congreso. Si realizamos un análisis rápido de lo que implica una norma de esta naturaleza para la Comunidad Internacional, de la cual no solo forma parte la Organización de referencia sino también otros actores, entre los que se cuentan los Organismos de Crédito internacional -léase BID-, advertiremos que el no aceptar el rumbo de extinción del hábito de fumar marcado a nivel mundial, argumentando generación de empleo nos puede conducir a un aislamiento en cuanto a acceso a Programas de Crédito Internacional.
Para tener conciencia de lo que estamos tratando, veamos que en sus Considerandos, la norma recuerda que la Organización Internacional está “Convencida de que este convenio representa una iniciativa pionera para el progreso de la acción nacional, regional e internacional y la cooperación mundial encaminada a proteger a la salud humana de los efectos devastadores del consumo de tabaco y de la exposición al humo de tabaco…”. También pide a la Directora General -de la OMS-: “…que adopte las medidas necesarias para prestar apoyo a los Estados Miembros, en particular a los países en desarrollo y los países con economías en transición, en la preparación para la entrada en vigor del Convenio”. En el análisis específico del Anexo I, su Preámbulo establece que: Las Partes en el presente Convenio están “Determinadas a dar prioridad a su derecho de proteger la salud pública”, “Seriamente preocupadas por el aumento del consumo y de la producción de cigarrillos y otros productos de tabaco en el mundo entero, particularmente en los países en desarrollo, y por la carga que ello impone en las familias, los pobres y en los sistemas nacionales de salud”, “Conscientes de las dificultades sociales y económicas que pueden generar a mediano y largo plazo los programas de control del tabaco en algunos países en desarrollo o con economías en transición, y reconociendo la necesidad de asistencia técnica y financiera en el contexto de las estrategias de desarrollo sostenible formuladas a nivel nacional”, “Conscientes de la valiosa labor que sobre el control del tabaco llevan a cabo muchos Estados y destacando el liderazgo de la Organización Mundial de la Salud y los esfuerzos desplegados por otros organismos y órganos del sistema de las Naciones Unidas, así como por otras organizaciones intergubernamentales internacionales y regionales en el establecimiento de medidas de control del tabaco”, entre otros argumentos esgrimidos.
Por último, si estas proyecciones a futuro son insuficientes, tengamos en cuenta que la propia Organización, menciona en su página web en español que en 2005, de 58 millones de defunciones registradas en todo el mundo, 7,6 millones se debieron al cáncer, que más del 70% de todas las muertes por cáncer se producen en los países de ingresos bajos y medios, donde los recursos disponibles para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad son limitados o inexistentes, que se prevé un aumento de las muertes por cáncer, hasta aproximadamente 9 millones en 2015, y 11,4 millones en 2030.

La reconversión, ¿garantiza el futuro económico de los pequeños productores?

Indudablemente, la solución del problema en cuestión, no puede abordarse en relación a una Política de corto ni mediano plazo. Pero existe una luz al final del túnel. Actualmente, en Argentina, el Estado Nacional impulsa el Proyecto de Reconversión de Áreas Tabacaleras (PRAT) que se financia con el Fondo Especial del Tabaco (FET), al que se destina el 7 por ciento del costo de cada paquete de cigarrillos. En lo relativo a la producción primaria, el PRAT apunta a la reconversión hacia variedades más rentables, ecológicas y que afecten menos la salud humana y también a la diversificación. Pero la principal función del FET es subsidiar los precios que reciben los productores primarios.
El apoyo estatal para continuar la actividad se justificaría, según fuentes de la Secretaría de Agricultura, en que a pesar de los cambios tecnológicos, la tabacalera sigue siendo una producción mano de obra intensiva, con impacto en los mercados laborales de las provincias productoras. Veamos más de cerca el análisis: mientras que los cultivos tradicionales insumen de 0,19 a 0,44 jornales por hectárea, el tabaco demanda 130 jornales. Otros cultivos intensivos, como el algodón y la caña de azúcar, demandan 28 y 65 jornales, respectivamente.
Además, de acuerdo con los datos del Censo Nacional Agropecuario 2002, de las alrededor de 80 mil hectáreas cultivadas, más de la mitad corresponde a parcelas de pequeños productores que no superan las 10 hectáreas, lo que explica que el 60 por ciento del trabajo total empleado sea asalariado y el resto familiar.
Si se incluyen las explotaciones de hasta 30 hectáreas, se llega a cerca del 70 por ciento de la producción. Las exportaciones, que en 2005 alcanzaron el nivel más alto de los últimos diez años, estuvieron cerca de las 100 mil toneladas y representaron 220 millones de dólares. Sintetizando, aún hoy, la producción tabacalera sigue siendo un GRAN NEGOCIO, para las multinacionales tabacaleras y un PEQUEÑO NEGOCIO de subsistencia para la mayoría de los productores, que solo subsisten gracias al aporte del mencionado FET.
En cuanto a la aplicación práctica del mencionado PRAT, se pueden citar las experiencias más o menos exitosas de Tucumán, Corrientes y Chaco que en el marco del Programa Operativo Anual 2007 recibieron un total de casi siete millones de pesos. Tucumán recibió cinco millones, en virtud de su mayor producción en comparación a las otras provincias. De acuerdo a esto, las grandes productoras -Misiones, Salta y Jujuy-, deberían recibir un monto proporcionalmente mayor.
Ante el panorama planteado, urge el diseño de un Plan Provincial que genere una verdadera y profunda transformación productiva que, aprovechando los programas existentes, así como previendo el futuro de un mundo sin tabaco, busque la reconversión agrícola y la mejora de la calidad de vida de los pequeños productores tabacaleros y de sus familias, ANTES QUE SEA DEMASIADO TARDE...

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