NADIE puede dudar acerca del alcance masivo que han adquirido los medios de comunicación (gráfica, auditiva y audiovisual) tal vez como resultado de lo que el historiador Erick Hobsbwanm alguna vez denominó el Nuevo siglo, en el cual una nueva clase de hombre se presentaba en sociedad, el homo globalizatus.
Pero la globalización de las comunicaciones no solo permite que todos y todas tengamos la información en tiempo real e inmediatamente, lo que representaría el aspecto positivo, sino que también puede transformarse en algo perjudicial para la sociedad. Máxime si en el análisis, a esa palabra globalización le agregamos el adjetivo mediática y si consideramos la realidad de nuestro país, donde en la práctica real y concreta un gran monopolio (disfrazado de oligopolio desde que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se tornó operativa) concentra la mayor porción de receptores radiales y televisivos (de aire y cable) y tiene también gran porción de lectores de sus productos de gráfica. Aunque este cuadro de situación no solo se manifiesta en Argentina, sino que existen otros ejemplos claros, tanto a nivel regional (Brasil y su “Rede O Globo” y su revista “Veja”) como continental (Estados Unidos y su “CNN”).
Hasta aquí no habría ningún perjuicio grave hacia la sociedad, pero la situación se modifica cuando desde la mayoría de los canales de nuestro país se centra la atención en lo que ha sucede en el programa de Marcelo Tinelli, apartando al televidente de la realidad social circundante.
En programas como los que se emiten por los aludidos canales, se habla de los bailes del caño, de la falta de entonación y errores en presentaciones que son juzgadas por alguna reconocida vedette ya entrada en años -y carnes-, por el “ofendido” y “perseguido” Aníbal Pachano, o por quien pueda circunstancialmente ocupar ese sitial de histeria mediática, ocupando así, el único espacio de descanso y recreación (para los que pueden hacerlo) en repetir y machacar el contenido de dicho programa sin dejar tiempo para el análisis de nuestra realidad social. El ejemplo de Tinelli es solamente eso, no es mi intención transformar a este conductor “exitoso” (¿realmente se merece este calificativo?) en un referente o paradigma de conductor televisivo, sino más bien como fenómeno social que ha aparecido NO CASUALMENTE en nuestra sociedad.
Cierto es también, que durante la década del noventa, el ejemplo no era Marcelo Tinelli, sino Mauro Viale y el show de los mediáticos era mucho más deplorable. Tal vez en ese sentido, nuestra sociedad ha evidenciado un pequeño avance. Aunque tal vez sea solamente por una cuestión de medición de audiencia. Y ciertamente con esto solo, NO ALCANZA.
Insisto en esta idea personal: lo referido socava de tal manera a nuestra sociedad, que no deja tiempo para el análisis real de la sociedad en que vivimos a diario. Porque desde el mismo monopolio, aunque en diversos horarios y sus repeticiones, se produce la primera de las consecuencias sociales que paralelamente genera la tinellización, esto es la producción comunicacional de verdaderos sofismas mediáticos (según la RAE, un sofisma es: “Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir lo que es falso” y en ese único sentido deseo que sea entendido).
Estos sofismas, presentados con clara intencionalidad socio-política, generan la segunda consecuencia, cuando llegan a los destinatarios: los paralogismos masivos (según el Diccionario Enciclopédico Abreviado de la editorial ESPASA-CALPE S. A., un paralogismo es una: “…argumentación errónea, debida simplemente a ignorancia” y en ese único sentido deseo que sea entendido). Para evitar las susceptibilidades debido al uso de los términos que en este ensayo empleo, debo explicar que con el término ignorancia, entiendo tanto la falta de ciencia, como de letras y de noticias, en general o en particular (a propósito de este análisis, debe resaltarse la palabra “noticias”).
De esta manera, lejos de favorecer el análisis y por qué no un serio debate de ideas en torno a la realidad social y política de nuestro país, parte del pueblo tinellizado se dedica a discutir si Aníbal Pachano recibe o no recibe del Gobierno los remedios que necesita para tratar su enfermedad, si tal vedettonga se acostó con tal o cual jugador de fútbol, los últimos cruces verbales entre Moria y Graciela, o la filmación no autorizada de la nueva ganadora del bailando comiéndose un pancho con poncho en el camarín o en algún otro lugar.
Me he referido a los sofismas mediáticos y lo que considero su inmediata consecuencia, los paralogismos masivos, pero bien podría haberme referido a las “zonceras argentinas” (en este caso renovadas) en clara alusión al libro de Don Arturo Jauretche, pero como no es mi intención ahondar ni en el libro de Don Arturo, ni en el libro del actual senador nacional Aníbal Fernández (que también ha escrito al respecto, pero acerca de las “nuevas zonceras”, en su libro “Zonceras argentinas y otras yerbas”), creí más acertado centrar el análisis de la realidad virtual generada desde esa gran usina de opiniones publicadas que son los medios de comunicación. Esto es así, ya que personalmente considero que así como una gran parte de nuestra sociedad se encuentra tinellizada, otra parte repite constantemente el discurso noticioso que baja bailando a diario desde el monopolio, sin detenerse en el análisis serio del mensaje que es emitido como reflejo de lo real.
Algunos de los ejemplos que considero más relevantes de este grupo de paralogismos masivos son los siguientes: “NOS ESTÁN MATANDO A TODOS” (Cuando desde nuestra provincia asistimos la repetición de la misma noticia de la Sra. que en Santa Fé y Callao es asaltada y asesinada. Tal vez nunca conoceremos esas calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero ya nos ingresó la noticia de la inseguridad y por un sentimiento lógico de solidaridad de especie, nos sentimos parte de ese episodio de inseguridad); “EL CAMPO SOMOS TODOS” (Ni vale la pena detenerse en el análisis de este ejemplificador sofisma mediático); “LA PRESIDENTE GENERA DIVISIÓN EN NUESTRO PAÍS” (Primero, el término correcto para aquella mujer que preside es Presidenta, ya que el término presidente puede ser el participio activo del verbo presidir (por ejemplo: la dama presidente del jurado) pero también está aceptado como sustantivo, con forma masculina y femenina (Presidenta). El uso del término Presidenta como femenino del sustantivo Presidente está aceptado por la Real Academia Española, autoridad máxima del idioma español, y por diccionarios y libros de uso correcto del español escritos por autores de renombre tales como Moliner, Gómez Torrego, Seco, etcétera; segundo, nadie que conviva en sociedad, puede negar la presencia de la política como instrumento de construcción o destrucción de lo social y que debido a ello, la política es precisamente un constante desarrollo de posiciones basadas en un claro antagonismo (entendido este término como “contrariedad, rivalidad, oposición sustancial o habitual, especialmente en doctrinas y opiniones”); “EL INDEC GENERA INFLACIÓN” (Nada más desacertado, porque el índice es solamente eso, como dice la RAE: “Expresión numérica de la relación entre dos cantidades”, de tal manera que refleja dicha expresión numérica, no la genera); “ES NECESARIO REDUCIR EL GASTO PÚBLICO” (Entendiendo como gasto la utilización del dinero público para atender necesidades urgentísimas de quienes se encuentran totalmente afuera del sistema y para quienes un subsidio genera como consecuencia inmediata la vida); “HAY QUE EVITAR CONFRONTAR, ES NECESARIO EL DIÁLOGO” (Cabe lo mismo que he dicho respecto al antagonismo). Lo que hay que evitar, no es la confrontación de ideas, sino la falta de ella. Del mismo modo, para quienes profesan la tolerancia y el diálogo permanentes, sería muy productivo que comenzasen por tolerar nuestra forma democrática de gobierno y tratar de dialogar con sus potenciales votantes a fin de convencerlos con propuestas de administrar la cosa pública mucho más superadoras que las existentes. El requerido dialogo no se puede entender como una modificación del rumbo de las políticas públicas instrumentadas en base a un claro y documentado convencimiento ideológico. Para modificar ese rumbo, en nuestro sistema político tenemos el voto secreto y universal; “ARGENTINA ESTÁ AISLADA DEL MUNDO” (Como ejemplo en este caso, sirva un hecho inédito en la historia argentina: recientemente hemos puesto en órbita el ARSAT-1, primer satélite geoestacionario argentino de comunicaciones, lanzado exitosamente desde la base de Kourou, en Guayana Francesa el jueves 16 de octubre de 2014, debiéndose resaltar que tanto el ARSAT-1, como el ARSAT-2 y el ARSAT-3, que conforman el Sistema Satelital Geoestacionario Argentino de Telecomunicaciones (SSGAT) han sido diseñados, construidos y tendrán su base de operaciones en nuestro país.
De esta manera, nos hemos convertido en uno de los pocos países del mundo que desarrollan satélites geoestacionarios y somos el único país que en Sudamérica construye satélites de Telecomunicaciones que brindarán servicios de Telefonía, Datos, Internet y Televisión, junto a Estados Unidos, Alemania, Rusia, China, Francia e Italia.
En el análisis del porqué de esta tinellización de los medios podríamos argumentar que no es más que la repetición de lo que Don Arturo Jauretche, J. J. Hernández Arregui, el colorado Ramos y tantos otros pensadores del campo nacional y popular denominaban la batalla cultural que hay que entablar contra el poder económico, que a veces se concentra en grupos locales poderosos, pero que en definitiva responde a intereses foráneos. No nos olvidemos que durante el 2.001 se escuchó la célebre frase que se vayan todos, como una berreta aplicación local del pensamiento de Francis Fukuyama denominado el fin de las ideologías expresado en su libro “El fin de la historia y el último hombre”, ejemplo claro de verdadero sofisma político internacional.
jueves, 6 de noviembre de 2014
LA TINELLIZACIÓN DE LOS MEDIOS Y SUS CONSECUENCIAS SOCIALES
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