viernes, 30 de septiembre de 2011

DOS LIDERESAS EN LA ONU (Por EMILIANO VILLAZÓN)

Este artículo fue publicado por Diario Punto Uno (www.diariopuntouno.com.ar) el día 25/09/11. Para ver el link corto: http://bit.ly/pHKfjN

En 2010 dos prestigiosos diarios brasileños publicaron una nota mía donde me refería a la reciente asunción de Dilma Rousseff y los beneficios que este hecho histórico (primera mujer Presidenta del vecino y hermano país) podría traer para la región y el mundo si tanto ella como Cristina Fernández de Kirchner, lograban aunar criterios en materia de política y economía internacional. Imaginé que no sería muy difícil, pues ambas tenían una historia de lucha política común y estaban al frente de los gobiernos de los dos países más importantes de Suramérica. Había depositado mis esperanzas en estas dos verdaderas “leonas” políticas.
Y finalmente el día en que estas lideresas comenzaron a hacerse escuchar en un mismo lugar llegó y fue durante el debate general del 66° período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se está desarrollando en Nueva York durante los días 21 a 23 y 26 a 30 de este mes.
La Presidenta brasileña tuvo el honor de ser la primera mujer en abrir el Debate General en toda la historia de la institución, lo que resulta adecuado en virtud del poderío económico y geopolítico mundial que representa su país. Nuestra Presidenta mantuvo atentos a los presentes que escucharon su discurso y la aplaudieron, lo que representa una clara muestra del liderazgo que ejerce a nivel mundial, aunque muchas veces dicha condición no sea reconocida en nuestro país.
Los temas abordados y las formas utilizadas en los discursos estuvieron determinados por la impronta personal de cada una. El discurso de Dilma fue más economicista, marcado por su profesión y el de Cristina fue más político, clara muestra de su condición natural de estadista.
Coincidieron en la existencia de una crisis económico-financiera mundial que gravitará en todo el planeta y en la necesidad de reformular las instituciones de comercio multilateral y regular seriamente el sistema financiero mundial. Otra coincidencia fue que se le otorgue al actual territorio palestino ocupado por Israel el status internacional de Estado Palestino y miembro 194 de la ONU.
Dilma resaltó la oportunidad histórica que genera la actual crisis mundial y advirtió acerca de una posible y grave ruptura política y social a nivel global. Para evitarla, reclamó la unión mundial y soluciones colectivas, rápidas y verdaderas. Habló de falta de recursos políticos e ideas claras en los países desarrollados para encontrar soluciones y descartó la falta de recursos financieros.
Cristina recordó que nuestro país había sido víctima de ser “conejillo de Indias” de las políticas neoliberales de los años 90 y que había defaulteado la deuda externa más grande de toda la historia de la humanidad (160.000 millones de dólares) pero que en ocho años había logrado reestructurarla al reducir la relación directa de esta con el PBI, pasando del 160 % al 30 %, además de completar el ciclo de crecimiento económico más importante de nuestros 200 años de historia. Por ello tal vez, reclamó una regulación sobre las calificadoras internacionales de riesgo, a las cuales responsabilizó de gran parte de la crisis mundial económica actual. También solicitó reglas claras en materia de transferencia de capitales y especulación financiera con commodities (en el sector de alimentos).
Ambas se manifestaron a favor de reformular algunos órganos de la ONU, tales como el Consejo de Seguridad, aunque en este caso, cada una planteó la modificación desde una óptica diferente pero acorde al lugar que ocupa actualmente dentro de la organización y conforme a sus convicciones ideológicas. La Presidenta brasileña defendió los intereses de su país y pidió la ampliación de los miembros del Consejo de Seguridad y mantuvo firme la expectativa que genera en su país el hecho de estar próximo a convertirse en nuevo miembro permanente. Tal vez por coherencia, la delegación brasileña se encontraba ausente del recinto cuando la Presidenta argentina fue contundente al manifestar que era necesario democratizar la ONU eliminando la categoría de miembro permanente del Consejo y consecuentemente el derecho al “doble veto” que poseen estos miembros.
Lo que más generó opinión en nuestro país fue el enérgico reclamo que nuestra Presidenta hizo sobre la necesidad que el Reino Unido de Gran Bretaña cumpla las diversas resoluciones internacionales y se avenga a negociar sobre la soberanía argentina respecto a las Islas Malvinas. Además tuvo gran repercusión interna la reiteración del planteo que hizo al gobierno iraní para que permita que los acusados de haber participado en el atentado a la AMIA se sometan a juicio en Argentina o inclusive ante un Tribunal de un país “neutral”.
En materia de Derechos Humanos, la Presidenta brasileña dijo que su país actúa “inspirado por su propia historia de superación”. Si eso implica “mirar hacia adelante”, o sea declarar indirectamente la imposibilidad que encuentra para llevar adelante una política clara de persecución y castigo de crímenes cometidos durante la dictadura militar que asoló a ese país durante los años 1964 a 1985, me siento profundamente decepcionado. Allí, claramente se pudo apreciar que la Presidenta argentina tenía mucho más que ofrecer, desde la base fundamental de su política de gobierno: EL RESPETO IRRESTRICTO A LOS DERECHOS HUMANOS COMO POLÍTICA DE ESTADO.
Creo que debemos sentirnos orgullosos de tener en la región a dos mujeres que se presentan ante el mundo como verdaderas lideresas, pero es necesario profundizar en materia de coordinación económica y política para presentar posiciones conjuntas ante los foros internacionales.

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