martes, 9 de noviembre de 2010

ALGUNAS CLAVES PARA ENTENDER EL FENÓMENO DE APOYO MASIVO AL “MODELO DE GESTIÓN KIRCHNERISTA” (por EMILIANO VILLAZÓN)

Para poder aclarar los conceptos que componen la afirmación que se desprende del título de este artículo, es menester responder algunas preguntas. ¿Es en realidad un “fenómeno” el apoyo que recibe el actual gobierno nacional? Sin dudas que así es. ¿Es masivo dicho apoyo? La respuesta afirmativa se impone nuevamente. ¿Las razones de este apoyo se fundamentan en un modelo de gestión o son coyunturales y acrecentadas por la consternación que ha significado la pérdida de Néstor Kirchner? Una vez más, es necesario responder de modo afirmativo. Por último, ¿Existe alguna posibilidad para la oposición de cara a las elecciones presidenciales de 2.011? Salvo algún acontecimiento extraordinario, la respuesta negativa se impone rotundamente. Pasemos entonces, a analizar cada una de éstas preguntas y respuestas claves:

EL “FENÓMENO” LLAMADO “KIRCHNERISMO”

Conforme la Real Academia Española, la palabra “fenómeno”, que etimológicamente deriva del término latino phaenomĕnon, significa “cosa extraordinaria y sorprendente”.

El kirchnerismo, como forma de hacer política y como forma de gestionar la cosa pública es sin dudas algo que ha salido del curso ordinario de las cosas, o sea es extraordinario.

En cuanto a ese carácter extraordinario del kirchnerismo, a modo de ejemplo puede resaltarse lo siguiente: ¿Quién se podía imaginar en el 2.003 que un Presidente electo con el 22 % de los votos reales (ya que deben dejarse de lado las especulaciones acerca de cuánto habría obtenido en un escenario de segunda vuelta que nunca se produjo), supuestamente “débil y desconocido políticamente”, se presentaría el mismo día de su asunción y haría una serie de maniobras con el bastón presidencial que más allá de parecer graciosas al común de la gente estaban evocando un antiguo rito llevado a cabo por los indios patagones al producirse el traspaso del mando entre ellos? ¿Quién se iba a imaginar a este Presidente recientemente electo hablando ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y reconociéndose como un hijo más de las Madres y Abuelas de Plaza de mayo? ¿Quién podría imaginar a este mismo Presidente diciendo ante el mismo auditorio que el mayor riesgo era el ensanchamiento de la brecha existente entre ricos y pobres y que la prioridad debía ser lograr que la globalización fuese para todos y no para unos pocos? ¿Podía alguien imaginar que un día 24 de marzo un Presidente argentino iría personalmente al Colegio Militar y en su carácter de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas le ordenaría al Jefe del Estado Mayor del Ejército descolgar de las paredes los cuadros de Jorge Rafael Videla y de Reynaldo Bignone? ¿Y que ese mismo día iría al ex Centro Clandestino de Detención que había funcionado en la Escuela de Mecánica de la Armada y pediría perdón en nombre del Estado argentino por la vergüenza de haber callado durante tantos años de democracia las atrocidades cometidas durante la última dictadura militar y transformaría dicho edificio en Museo de la Memoria? ¿Quién podría imaginar que un Presidente tendría un acto tan republicano como el de establecer un mecanismo democrático y transparente de elección de Jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cuando podría haber creado su propia Corte, al igual que lo habían hecho sus predecesores? ¿Quién imaginaría a un Presidente argentino de los últimos tiempos negándose a enviar tropas a Irak -contradiciendo de ese modo el rumbo político militar mundial impuesto desde la matriz imperialista representada nada menos que por Estados Unidos- y restableciendo motu proprio relaciones bilaterales con la aislada isla de Cuba? ¿Quién podría imaginar que un Presidente argentino en su carácter de anfitrión de un Encuentro Internacional de un proyecto de integración regional armado para satisfacer los intereses de los poderosos Estados Unidos, como era la IV Cumbre de Presidentes del Área de Libre Comercio de las Américas, fuese contundente al manifestar que: ''Se nos niega la refinanciación si no aceptamos determinadas condicionalidades que no son otras que las que nos condujeron al default'', en clara respuesta a la presión ejercida por el Presidente de EEUU? Podría continuar enumerando actitudes que pintan de cuerpo entero la ideología y la visión de la vida que tiene el gobierno kirchnerista -que por éstas horas parece ser compartido no solamente por todo el arco político nacional y popular, sino también por la mayoría del pueblo argentino-, pero por razones de brevedad, me quedaré en los ejemplos antes expuestos.

La idea de extraordinario se amalgama con la de sorprendente. El fallecimiento de Néstor Kirchner ha abierto los ojos de una gran cantidad de personas, que han quedado sorprendidos por el contundente apoyo popular que se ha despertado a favor, no de la figura del ex Presidente, sino principalmente de la Presidenta de nuestro país. Ha sido tan así, que miles y miles de jóvenes -en especial de los denominados grupos de la clase media y políticamente independiente-, se volcaron espontáneamente a las calles a fin de demostrarle a la Presidenta su incondicional fuerza de auto-convocatoria militante.

APOYO MASIVO

La aprobación de la actual gestión del Gobierno Nacional crece día a día, de forma contundente y generalizada en la población. Para graficar lo que ocurre, podríamos mencionar que cada vez más seguido, quienes estamos apoyando el modelo político y de gestión kirchnerista, recibimos llamados de amigos y parientes -que antaño se definían como “independientes” o directamente antiperonistas- que se manifiestan abiertamente como kirchneristas, sin hacer otra mención partidaria ni ideológica.

Si antes del fallecimiento del ex Presidente, las encuestas arrojaban entre 32 y 36 % de apoyo a las posibles candidaturas del matrimonio Kirchner -quien no supo leer correctamente el festejo popular del día 25 de mayo de este año, obviamente sufre de ceguera política-, luego del 27 de octubre pasado, se evidencia un curso ascendente aún más marcado.

Las últimas encuestas dan cuenta de la posible victoria de la Presidenta, alcanzando el cuarenta y cinco por ciento de los votos (45 %) en cualquier escenario posible, tanto compitiendo con Cobos (12,9 %), Macri (11, 9 %), Alfonsín (11,2 %), Duhalde (9,5 %).

Pero el eje del análisis debe sin dudas centrarse en dilucidar si se trata de una suerte de congoja o consternación general, como podría generar cualquier muerte de un personaje reconocido social o políticamente, o si por el contrario, se trata de un apoyo masivo a un modelo de gestión administrativa y política, en el cual convergen: partidarios kirchneristas; pegotistas; sindicalistas oficialistas; ciudadanos radicales y de otros partidos afines al kirchnerismo; movimientos sociales; organismos de derechos humanos; movimientos estudiantiles; movimientos de izquierda; minorías sociales, sexuales y étnicas; jóvenes independientes; ex combatientes de Malvinas; productores; industriales; banqueros; intelectuales; artistas y empresarios.

EL MODELO DE GESTIÓN KIRCHNERISTA

Coincido con Atilio Borón en que el primer kirchnerismo -el de Néstor Kirchner- llegó al poder casi por descarte, luego que Carlos Reutemann -para variar-, defeccionase y que José Manuel De la Sota se autoproclamase incapaz de asumir el compromiso de ser el candidato a Presidente de la Nación.

En aquel escenario planteado en el año 2.003, las opciones reales eran solamente dos: un patagónico llamado Néstor Carlos Kirchner -“…Kichren, Kirchen, o, qué se yo como se pronuncia, ese, el del sur…” (Se le escuchaba repetir por esos días a una vieja de mi barrio) o el abismo de retorno al pasado neoliberal y de la economía de reajustes del FMI que se presentaba a la ciudadanía en la figura de los neoconservadores Carlos Menem y Juan Carlos Romero.

Pero esa especie de fortuna que condujo al kirchnerismo al poder, por si sola hubiera resultado insuficiente si no hubiese sido acompañada por un fuerte plan de gestión -política, social y administrativa-. Me refiero a aquello a lo que los que transitan el desierto inconmensurable de la recurrente falta de ideas denuestan como el “modelo kirchnerista” o el “modelo de chavismo patagónico” (como si la Venezuela del Comandante Hugo Chávez Frías, o “Chávez Candanga” fuese una especie de infierno terrenal donde se cometen toda especie de pecados político-capitales).

En rigor de verdad y mal que les pese a los agoreros "figurones" (como decía Jauretche), a los político-rentistas del Peronismo Federal (¿o mejor dicho “feudal”?) y a la oposición igualmente desierta de ideas, el kirchnerismo siempre supo cuál era el rumbo que debía seguir. Y luego del expreso consentimiento que le ha otorgado el pueblo, sin dudas ha de redoblar los esfuerzos para profundizar el modelo de gestión que ha implementado en los siguientes aspectos:

En lo económico, el modelo kirchnerista sin dudas ha de avanzar en el modelo de economía neo desarrollista, que al decir del brasileño Luis Bresser, representa una actualización ideológica.

El desarrollismo clásico (Utilizado en Latinoamérica entre los años 1.930 y 1.970 y manifestado por tres escuelas complementarias: la Clásica de Smith y Marx, la Keynesiana y la Estructuralista latinoamericana de Celso Furtado, Raúl Prebisch, Arthur Lewis y otros) ha fracasado debido a lo siguiente: la base de su formulación estaba en la política de sustitución de importaciones, y entonces, el proteccionismo de la industria nacional a cualquier precio y la reducción del coeficiente de apertura económica, llevó a las industrias latinoamericanas a una profunda distorsión. Como consecuencia, se generó una industria latinoamericana ineficiente y con un nivel muy bajo de competitividad en el mercado nacional.

Al decir de Aldo Ferrer: “El nuevo desarrollismo se funda en la tradición del estructuralismo latinoamericano y la actualiza tomando en cuenta los cambios producidos en el orden internacional. Las “tesis” (refiriéndose a los principales conceptos neo desarrollistas) insisten en el desarrollo como un proceso de transformación estructural a través de la acumulación de capital y el cambio técnico, el pleno empleo, el aumento del valor agregado y el incremento de la productividad. Las “tesis” se refieren a economías de mercado, en cuyo desarrollo, el Estado cumple un rol estratégico, incluyendo la canalización de los recursos internos hacia las actividades que generan mayor valor agregado”. Asimismo, “…como el desarrollo no es un resultado espontáneo de las fuerzas del mercado ni puede ser conducido desde afuera, para responder con eficacia a los desafíos y oportunidades de la globalización, es indispensable una estrategia nacional de desarrollo”. Estos conceptos, me recuerdan a Arturo Jauretche, quien afirmaba que la economía nacional es siempre dirigida. O la dirige el Estado o la dirigen los Grandes Grupos Económicos.

También explica Aldo Ferrer que: “El financiamiento del desarrollo "esencialmente con ahorro interno" es parte fundamental de la estrategia de desarrollo. La dependencia del financiamiento externo genera fragilidad macroeconómica y subordina la política económica a los criterios de los mercados. Por las mismas razones, es preciso mantener una relación prudente entre la deuda pública y el PBI, en el marco de la estabilidad financiera y de precios”. Los actuales superávits fiscal y comercial de Argentina son un claro ejemplo del rumbo económico seguido por el modelo kirchnerista.

Como se expresó anteriormente, el neo desarrollismo plantea una verdadera actualización de los conceptos de Prebisch, Furtado y otros maestros del estructuralismo latinoamericano, en forma de una contundente alternativa al decálogo expresado en el tristemente conocido Consenso de Washington.

Centrando el análisis en la realidad económica argentina, el economista del Plan Fénix, Abraham Gak plantea como logros del kirchnerismo, la renegociación de la deuda externa (en 2005 se inició el proceso de canje. La reestructuración de 62 mil millones de dólares involucró a más del 70 por ciento de los acreedores y el resto se terminó de renegociar este año 2.010), la recuperación del Estado y la soberanía, los superávits gemelos (tanto el fiscal como le externo) y la recuperación de las reservas del Banco Central. Si alguien desconoce que en éstos indicadores se encuentra gran parte de la base ideológica del justicialismo (independencia económica y soberanía político-económica), es porque no quiere observar la realidad.

En lo político, el modelo kirchnerista no se maneja dentro la dialéctica del consenso, ni de la compasión, respecto a sus enemigos políticos, precisamente, porque éstos son enemigos del pueblo. El kirchnerismo, es un movimiento de principios sólidos y que se nutre de “cuadros políticos” que gerencian la administración pública y no de “cuadros de gestión” que gerencian la política (ese fue el paradigma desarrollado durante la década infame del menemismo).

Mediante la confrontación permanente de ideas (aquello que los sin ideas llaman “crispación” kirchnerista), este modelo nacional y popular enaltece la democracia. No la enmascara tras falsos consensos.

La postura adoptada -y acrecentada- de generar un presidencialismo fuerte y decidido encuentra su plan de guía en la actualización doctrinaria que significa la lectura de la realidad histórica suramericana: durante décadas, nuestros países han sucumbido y se han agachado (incluso a la altura de practicar “relaciones carnales”) en lo que ha sido la peor de las intervenciones extranjeras, la intervención cultural y económica (¿Qué otra cosa es sino el ya mencionado Consenso de Washington?).

Pero, mal que les pese a algunos, el modelo de gestión kirchnerista, no se agotó durante el gobierno de Néstor Kirchner, sino que se profundizó durante la gestión de la compañera Cristina. Y seguramente, seguirá profundizándose, sea quien sea el candidato del kirchnerismo. Porque este es un proceso sin retorno, porque el legado que seguramente ha de dejarnos el kirchnerismo es impersonal, es ideológico (como dijo el Comandante Chávez Frías: “…a Néstor no se lo entierra, se lo siembra”).

Actualmente, las obvias razones de la profundización del modelo, están precisamente en el hecho que significa tener una Presidenta que no es simplemente la esposa del ex Presidente (o como dice el senil irrespetuoso que alguna vez escribió “Flores robadas en los jardines de Quilmes” y que ahora hace mención a la compañera Cristina como la “Elegida” o la “Reelegida”), sino un cuadro militante y una estadista de gran importancia.

Sin dudas, he de coincidir con José Pablo Feinmann (pobre tipo, tener que aclarar recurrentemente la falta de relación de parentesco con el otro pelotudo de Juan Pablo Feinmann) en que Cristina Fernández es una mujer brillante y la mejor Presidenta que ha tenido nuestro país, pero además me gustaría agregar que también es una de las mejores mentes y corazones políticos que ha dado nuestro país. En lo primero, creo que se la debe situar adelante de Evita y en lo segundo, al menos acompañándola al lado. Por ello, cualquier impúdico intento de comparar a Cristina Fernández de Kirchner con otras esposas de ex Presidentes o incluso con ex Presidentas -a las cuales ni siquiera vale la pena nombrar- resultan tan inconsistentes que se derrumban en el terreno del análisis político-intelectual como si fuesen castillos de arena arrasados por un Tsunami.

En lo social, el modelo kirchnerista le ha devuelto de forma rotunda y contundente la dignidad a gran parte del pueblo argentino. Cualquier duda al respecto, obliga a una remisión a los episodios del 25 de mayo y del 27 de octubre de 2.010.

Les devolvió la dignidad a aquellos millones de argentinos que se sentían extranjeros en su propio país, sin derecho a pensar siquiera con acariciar nunca la utopía de la esperanza. En fin, a los denominados “excluidos” de la sociedad.

Además de ello, la negativa constante y rotunda a reprimir las protestas sociales, ha sido una verdadera política pública del Estado nacional.

No obstante, más allá de lo imprescindible que son las medidas sociales adoptadas para cimentar la imprescindible e improrrogable reconstrucción de un tejido social eclosionado en el año 2.001, pero lamentablemente destruido desde hace más de cuatro décadas, no debemos bajar los brazos. Por ello, quien sea que dirija los destinos de nuestro país en el próximo año, deberá sin dudas realizar este análisis de la realidad para poder culminar su mandato sin tener que recurrir al helicóptero.

En lo laboral, el modelo kirchnerista les permitió a los trabajadores hacer uso de una herramienta imprescindible: las paritarias, ya que durante la época del menemismo neoliberal y de la economía ortodoxa nuestro país atravesó una especie de situación falencial, que implicó la suspensión fáctica de la utilización de dicha herramienta en las relaciones laborales. Gráficamente explicado, este triste fenómeno, fue algo así como si en todo nuestro país, se hubiese producido durante el menemismo el principal efecto que genera la apertura de un concurso preventivo pero de alcance nacional, esto es, la “suspensión” -fáctica, por cierto- de los convenios colectivos.

Además, sin dudas le devolvió al justicialismo el lugar que debe ocupar: Junto a los trabajadores, al derogar mediante la Ley N° 25.877, la tristemente célebre Ley de Flexibilización Laboral N° 25.250 -denominada originalmente como “Ley de Reforma Laboral” y que posteriormente fue conocida como “Ley Banelco”-. Lugar que el justicialismo impúdicamente había abandonado durante aquella jornada del 26 de abril de 2.000 en la que la Cámara de Senadores había votado en contra de los trabajadores y a favor de medidas que implicaban: debilitar el poder de las organizaciones sindicales, finalizar gradualmente con la renovación indefinida de los convenios colectivos, elevar el período de prueba a 3 meses en todos los casos, previendo que pudiese elevarse a 6 meses tratándose de pequeñas y medianas empresas. También, habilitaba la "disponibilidad colectiva" permitiendo que por convenio colectivo estos plazos se duplicasen, con lo cual el período de prueba podría elevarse hasta los 12 meses.

Cabe resaltar que los senadores nacionales justicialistas (los que estaban políticamente obligados a defender y enarbolar las banderas de la justicia social y a dignificar a los trabajadores), en su gran mayoría, votaron a favor de dicha Ley, pero basados en la gran convicción moral y política que les generaba un buen fajo de billetes. Asimismo, cabe resaltar que la por entonces, diputada nacional Cristina Fernández de Kirchner, votó en contra de dicho Proyecto de Ley y además recibió en su despacho a los sindicalistas “disidentes” Moyano y Ubaldini, quienes posteriormente desencadenaron el “escándalo” al denunciar que la Ley de Flexibilización Laboral se había votado en el Senado Nacional a cambio de dinero.

En el impulso legislativo, el modelo kirchnerista, además de promover la derogación -mediante Ley N° 25.877- de la tristemente célebre Ley de Flexibilización Laboral N° 25.250, promovió entre otras, la sanción de las siguientes normas: la Ley N° 25.779 de 2.003 -que al declarar “insalvablemente nulas” las leyes N° 23.492 (Punto Final) y 23.521 (Obediencia Debida), que abrió el camino hacia el juzgamiento efectivo de los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar-; la denominada Ley de Estatización de los Fondos de Jubilaciones y Pensiones, N° 26.425; la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26.522 y la Ley de Matrimonio Civil N° 26.618, conocida como “Ley de Matrimonio Igualitario”.

Hubo en el camino de profundización, fracasos comunicacionales que condujeron a inevitables fracasos legislativos. Lo que en la realidad política kirchnerista de los años de gobierno nacional, aparece como la falencia más destacada o el punto de mayor vulnerabilidad. En este aspecto, es necesario un cambio de timón que implique un giro conceptual de ciento ochenta grados en lo que a comunicación de los actos de gobierno se refiere, so pena de cometer recurrentemente los mismos errores.

En este sentido, no debe olvidarse del ahora famoso voto “no positivo” del estereotipo nacional de “traidor serial”, más conocido como Vicepresidente de la Nación, Julio César Cleto Cobos, quien comenzó votando de esa manera contra la Resolución de redistribución de riquezas agroexportadoras, conocida como Resolución N° 125/08 y recientemente volvió a traicionar al Poder Ejecutivo Nacional del cual constitucional e inescindiblemente forma parte, cuando debió desempatar, aunque en este caso votando afirmativamente por el 82 % móvil.
Como era de suponer, dicha Ley fue vetada por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pues se trataba de una Ley que intentaba conducir al Estado Nacional a una inevitable bancarrota.

En lo regional, el modelo kirchnerista, ha dejado huellas muy fuertes y que difícilmente se puedan borrar. Cabe recordar la ya mencionada actuación decisiva que le cupo en el entierro del Proyecto ALCA y el verdadero resurgimiento de un MERCOSUR ampliado y fortalecido en la búsqueda de la conformación de un espacio de integración regional que apuesta muy seriamente a una complementación energética y económico-política.

Asimismo, las actuaciones en materia de defensa de la forma de gobierno democrática en los dos golpes de Estado que sufrieron países de nuestra región, ha sido decisiva. Aunque los resultados finales hayan sido diferentes, pero por diferentes motivos. En el caso de Honduras, los golpistas se aprovecharon de la impunidad que otorga la negritud de la noche y trágicamente, los hermanos hondureños amanecieron con un golpe letal a su democracia. Contrariamente, en el caso de Ecuador, la policía de ese país cometió el error de urdir su plan golpista a plena luz del día. Por ello, por la presión de la UNASUR y por el coraje de su Presidente Correa, los golpistas fracasaron en su aventura.

En lo internacional, el modelo kirchnerista, al contrario del país “virtual” que intentan denodadamente mostrarnos los medios hegemónicos de comunicación, ha llevado el reclamo reivindicatorio por las Islas Malvinas a la obtención del apoyo internacional en la mayoría de los países.

Del mismo modo, actualmente la recesión económica internacional (especialmente en Europa y Estados Unidos), ha hecho que estas regiones fijasen sus miradas en la receta desarrollada por nuestro país ante las últimas crisis económicas globales, de las cuales nuestro país no ha sufrido las consecuencias catastróficas que estas regiones han debido soportar.

LAS NULAS POSIBILIDADES DE LA OPOSICIÓN

Seguramente, escribir un análisis sobre las nulas posibilidades de la oposición con “el diario del lunes” (o del viernes inmediatamente anterior) es tarea demasiado fácil de emprender. El desafío es, sin dudas, intentar un argumento válido que explique por qué el kirchnerismo seguramente repetirá la Presidencia de la Nación en 2.011.

Algunas de las razones del inevitable destino de victoria del modelo kirchnerista han sido explicadas a lo largo del presente artículo. Como dice la letra de la canción de Litto Nebbia: “Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa…”; “Quien quiera oír…que oiga”. Salta, 08 de noviembre de 2.010

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